CUANDO VIENE EL BEBÉ, NO TIENES NADA MÁS QUE ESTAR COM ÉL, LLEVA LAS 24 HORAS DEL DÍA

 

 

Yo pensaba que tener hijos era algo difícil pero perfectamente trabajado, optimizado generación tras generación. Embarazada ya me decían las personas lo que me iba a pasar después: “Verás lo que te va a costar llevarla a la guardería” , “lo que vas a llorar”... me decían. Algo no me cuadraba, ¿Cómo es que algo tan extendido y asentado tenía que conllevar sufrimiento? Me llegaba mucha información que yo recogía pensando que era la sabiduría popular la que hablaba, y por aquel entonces, confiaba en que la sabiduría popular era una buena fuente, de hecho, siempre lo había pensado así.

 

Durante el embarazo construimos una habitación para nuestra hija, porque todo el mundo lo hacía así, y nos pareció lo mas normal. Compramos los objetos, carros, sillas, cunas, que compraba todo el mundo en general.

 

Estábamos felices y hablábamos con la gente que nos daba sus impresiones, por ejemplo nos recomendaron libros para que los niños aprendieran a dormir, que aceptábamos contentos.

Nació mi hija y ahí todo empezó a caerse. Mi instinto me decía cosas diferentes a las que me habían dicho en la clase preparto. La "sabiduría popular", iba en contra de mis instintos, a muchos niveles.

 

Empecé a descubrir que éramos más personas las que sentíamos y pensábamos distinto a la "sabiduría popular". Poco a poco, fui descubriendo que la "sabiduría popular" no era tal, provenía de intereses, consumismo, datos subjetivos, y, en general, de una sociedad construida sobre el dinero, la producción, el gasto y un montón de parámetros que no tenían que ver con la maternidad.

 

Todo siguió cayéndose.

 

Fui consciente de que antes de tener hijos, yo apenas tenía tiempo libre. Iba a mi trabajo cuando salía al sol y entraba a nuestra casa ya de noche. Raúl y yo no teníamos tiempo para casi nada. Nos tirábamos en el sofá y poníamos la tele exhaustos de cansancio. Los fines de semana eran limpieza, compras, obligaciones. Quedábamos con amigos contra reloj, bueno, es que nuestro día a día era contra-reloj.

 

Cuando viene el bebé, no tienes nada mas que estar con él. Lleva las 24 horas del día.

Yo me preguntaba como lo hacían las madres al empezar a trabajar. Tenía en mi mente la imagen de una madre despeinada y corriendo que hace 3 cosas a la par en cada momento; pero algo se iba gestando dentro de mi:no es suficiente ir corriendo y hacer varias cosas a la vez, no da tiempo. Yo veía la demanda de mi hija, y hacía cuentas de tiempo y calculaba a que hora tendría que levantarme para darle de mamar, ducharme, desayunar ella y yo, vestirnos, limpiar pañales, vómitos imprevisto en el momento de salir, hacer comida para tener lista al volver... a las 5 de la mañana?

 

Se me fue cayendo la idea de que si otras madres pueden yo también. En la baja por maternidad yo me levantaba por la mañana después de una noche de despertares, atendía a mi hija y lo justo de la casa y la comida y me daban la una del mediodía. ¿Cómo iba a poder hacer todo esto y estar a las 9 en mi trabajo, que por cierto está a una hora de mi casa?

 

No hay magia. Sencillamente las mamás dejamos de hacer muchas de esas cosas para poder sobrevivir al día a día.

 

Dejamos de dar el pecho, de retozar con nuestros hijos, de cocinar en casa, de atender lloros, de llevarles al parque cada día, les dejamos en guarderías y colegios o en otras manos, para poder ir a trabajar.

 

Me parece triste que tengamos que delegar en terceros el tiempo con nuestros hijos. Porque son muchas horas en ocasiones. Algunas madres no ven a sus hijos en todo el día en diario y sólo están con ellos los fines de semana.

 

Antes esto no era as, la familia no era nuclear. Las madres tenían ayuda de vecinas, abuelas, amigas.

 

Las mamás de antes no tenían ordenador, móvil, 20 canales de TV, mucha ropa, muchos trastos, muchas mas cosas, que necesitan tiempo de compra, uso y mantenimiento.

Las mamás de antes tenían mas ayuda, mas tiempo.

 

Con el coche ahora abarcamos mas lejos, pero en realidad invertimos mucho tiempo en desplazamientos.

 

Ahora estamos mas limpias, con mas ropas distintas, esto también lleva tiempo.

 

Seguí descubriendo. Ví a las mujeres trabajando para tener una casa, un coche, vacaciones, ropa, pero descubrí que nada de todo eso me producía una satisfacción mayor que la de estar con mi hija. Me pregunté si podría prescindir de todo eso a cambio de criar a mi hija y no dejarla con terceros. En teoría con un solo sueldo no podíamos vivir, pero poco a poco nos fuimos quitando del consumismo. Dejamos coches, ropa, televisión, viajes en el camino. Nos quedamos nosotros y nuestra hija.

 

He disfrutado de cada hora, cada paso de mi hija. He visto a las demás mamás correr y correr mientras yo estaba en el parque tranquila con ella.

 

He visto a los niños llorar y gritar de muchas formas posibles el deseo de estar con sus madres, y he visto a la sociedad crear un sistema engañoso en el que disfrazan el deseo legítimo de esos bebés, con nombres de enfermedades, salidas de dientes, etiquetas de  niños “caprichosos”, “llorones”, etc.

 

Descubrí que muchas de las cosas fuertemente asentadas en nuestra sociedad no eran saludables, como por ejemplo la comida. En televisión anuncian alimentos con propiedades aparentemente saludables, pero que no lo son. Son productos manufacturados elaborados industrialmente que pierden en los procesos sus principales nutrientes. Comemos en exceso proteínas animales, hormonas, transgénicos, etc. Descubrí que en el proceso de elaboración y creación de alimentos se abusa fuertemente de animales y de recursos naturales. También vi como la sociedad es ciega a esto, como yo misma antes compraba en el supermercado sin preguntarme que proceso sufre un animal desde que es concebido hasta que yo me lo como, o que procesos agresivos sufren los campos para aumentar su producción a menor coste.

 

Descubrí que las personas decimos que nos gusta la naturaleza , pero cuando se nos posa una mosca en el brazo la ahuyentamos e incluso matamos en el acto. En otras culturas, los animales de todo tipo conviven con los humanos en el respeto mutuo y en simbiosis mutua. También decimos que estamos preocupados por el medio ambiente, pero pedimos el pan en la panadería y no nos importa que lo metan en una bolsa de papel que pudo venir de un árbol.

 

Descubrí que de pequeña yo veía a los abuelos dar de comer a los pájaros, pero hoy los pájaros comen la basura que queda en los parques y en el asfalto de las calles y la lectura que tenemos de ello es: las palomas fuera, que traen enfermedades. No pensamos que nosotros realmente somos la causa de las enfermedades de esas palomas, cuyos padres y abuelos vivían en árboles de un campo que fuimos nosotros quienes talamos para construir nuestras urbanizaciones actuales.

 

Podría seguir mucho con esto.. pero lo dejo aquí. Sigo con la maternidad.

 

La mujer embarazada hoy también está recibiendo constantemente estímulos, publicidades, mensajes, que de alguna manera le están diciendo que “necesita” otros externos para ser mamá. El resultado final es que la mujer durante el embarazo tiene miedo.

 

Durante el embarazo asistí a una feria de bebés y mamás: stands de productos de todo tipo. Parecía que no íbamos a tener dinero suficiente para abastecer a nuestro futuro hijo de todas las “necesidades”. No son reales esas necesidades, están creadas por la sociedad. Nadie le cuenta a la mamá que la única y verdadera necesidad futura de su hijo es estar con ella. La realidad es que a la sociedad occidental no le interesa que las mujeres dejemos de producir y consumir durante un periodo largo de tiempo maternal. Si la mujer no trabaja, no produce dinero, tampoco lo gasta en objetos consumibles, y tampoco deja a su hijo en manos de terceros que también cobran dinero por ello. Muchas mamás nos sentimos en la necesidad de comprar objetos para la crianza de nuestros hijos, y hasta nos podemos sentir malas madres si no lo hacemos, tan fuerte es el engaño.

 

La madre de hoy entonces, además de tener que criar, trabajar, también tiene que consumir esos productos, que requieren tiempo de compra uso y mantenimiento. Lo que he encontrado en la gran ciudad en la que vivo es una mujer embarazada con ilusión,

pero una mujer desbordada, deprimida, hundida después de dar a luz.

 

Todas las papeletas del sorteo llevan a este resultado. Las papeletas son: una progresiva instrucción a la futura mamá desde el embarazo en el uso de “externos” para ella y su futuro bebé. Esto incluye inculcarle una necesidad de terceros, ginecológicos , tecnológicos para su embarazo y parto, dejando de lado o ignorando la propia capacidad y valía genética, propia, intrínseca y necesaria de la futura mAadre para este proceso.

 

Está bien que la mujer conozca todos los avances tecnológicos que pueden ponerse en marcha si algo va mal. Pero también tiene derecho a saber que máquina perfecta es su cuerpo y como se puede no intervenir cuando no es necesario.

 

Después el parto suele suceder en condiciones que dejan a la madre con cosidos en su cuerpo y sin fuerzas. No voy a entrar aquí porque todos sabemos de “innecesáreas” y compañía.

 

La reciente madre, se encuentra en casa sola, porque su pareja trabaja, y su familia está lejos, sus vecinos están trabajando también, todos alimentando el sistema. Ella está sola con su bebé luchando internamente por aceptar que casi todo lo que le han contado no cuadra con lo que siente. Tiene muchas obligaciones que hacer y un bebé que la demanda todo el tiempo.

 

Es influyente también en la situación de la reciente mamá el hecho de que sabe que tiene que volver en breve a incorporarse al trabajo. Esto hace que no pueda disfrutar de este periodo plenamente, que le surjan muchas dudas de cómo va a hacerlo. Hay una espada de Damocles encima porque el instinto entiende que el lugar del bebé es con la mamá, pero la mamá sabe que va a tener que separarse de él en breve. Hay mamás incluso que parece que intentan no vincular en exceso para evitar un sufrimiento al bebé que puede pasar de un día para otro de tener a su mamá las 24 horas del día, a estar muchas horas sin verla, con estos horarios grandes que tenemos hoy en día.

 

Hay mamás incluso que podrían económicamente solicitar un tiempo de excedencia para cuidar a sus hijos pero que no lo hacen porque el sistema les ha arraigado muy fuerte la necesidad de trabajar, de producir y de consumir. Nos han inculcado un miedo que pasa por pensar que no vamos a poder darles a nuestros hijos lo que necesiten en un futuro o nos ha grabado que si no poseemos determinados objetos, no somos suficientemente válidos o buenos. Y por último el sistema realmente suele quitar a la mujer su estatus o su trabajo si dedica un tiempo a criar.

 

Las mujeres acudimos a clases de preparación al parto, que son distintas entre si. A veces las dan personas que los imparten ni siquiera han sido padres. Hablan de temas heterogéneos y prácticamente cada curso es diferente, no hay acuerdo a los puntos a  tratar ni en el enfoque. Algo tan importante y en donde hay tanta diversidad, sitúa a la madre en una posición aún mas tambaleante. En  algunas, sino muchas, de estas clases, no se da información correcta  acerca de las necesidades que puede tener una futura mamá. Por ejemplo, todos sabemos la ignorancia en temas de lactancia materna que aún pasean por nuestros centros de salud.

 

La madre también, con tanto apabullamiento de información contradictoria, acaba escuchando a amigos, vecinos, padres, que cuentan su experiencia particular que no tiene porqué ser la de la futura mamá y que al fin y al cabo proviene del mismo sistema.


El resultado final es una madre deprimida. Comienzan las consecuencias.

 

Mi propia jefa me echó de mi trabajo cuando me embaracé, una mujer como yo. La que me dijo que me costaría llevar a mi hija a la guardería y daba por hecho que es lo que hay que hacer, era una compañera de trabajo, no una institución. Es obra de todos y cada uno de nosotros cambiar las cosas alrededor. Creemos que la culpa de lo que nos pasa es de “externos”, políticos o así. Los cambios se producen cuando los demanda la sociedad. 

Somos nosotras mismas las que podemos intentar que todo esto mejore. 

 

Josefina González CalvoMadrid
39 años.
Licenciada en Físicas. Diplomada en Psicología. Trabajo de conclusión del Curso de Calificación: Psicología de la Gestación, Parto y Postparto.
Contato: josefinag@madrid.com

 

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