EL DESTETE ES UNA CUESTIÓN PERSONAL

March 21, 2019

Lo aprendido apunta sobre todo a "ser amables", y esto induce a que las mujeres pasen por alto sus intuiciones. Esta desconexión con las profundidades del alma genera sometimiento. Y el sometimiento emocional nos conduce a peligros reales como la falta de cuidado hacia nosotras mismas o hacia nuestros hijos. Imaginemos a una mamá loba enseñando a sus crías a "ser amables" en presencia de un depredador... Los lobitos pueden morir si pecan de ingenuidad.


Cuando contamos con poca experiencia, como podría ser el inicio de la maternidad, la actitud femenina suele ser de ingenuidad, es decir que la comprensión emocional de lo oculto es muy débil. Para evitar esta tendencia, se requiere de las enseñanzas primitivas de los padres. Son ellos los que deben autorizar y reconocer las capacidades intuitivas de sus hijos y los que deben alentar a desarrollarlas a favor de la especie. De hecho, en mujeres muy inmaduras, que no han sido mimadas, o que no se han beneficiado de la mirada atenta y profunda de sus progenitores, aparece la ingenuidad de creer cualquier cosa a cualquiera que se nos presente con autoridad. Dicho de otro modo: o se cuenta con un aprendizaje primario adquirido de cuidados, "olfato", sensaciones y percepciones creíbles, o bien estas cualidades fueron desvalorizadas, por lo tanto carecen de sostén y quedamos libradas a los "depredadores".


Con respecto al destete, son tantas las mujeres alejadas de su esencia que resulta fácil imponer conductas que atentan contra la lactancia a favor del destete precoz, a veces de manera socavada. La más común sucede en la visita pediátrica a los 3, 4 o 5 meses cuando el médico entrega una "receta" con la inclusión de los alimentos que el bebé debe empezar a ingerir. La primera sensación de las madres es de angustia; pero acostumbradas a dejar de lado sus intuiciones naturales, aceptan. Obedientes y sumisas intentan desesperadamente introducir alguna cucharadita de algo, sintiéndose satisfechas cuando lo logran.


Aquí se agregan preocupaciones no imaginadas días atrás por las madres que recién estaban acomodándose al ritmo placentero de la lactancia. Hay que agregar una hora específica para preparar el puré, luego lavar las ollas y limpiar la suciedad que generó la intención de hacerle tragar algo de alimento sólido al niño.


El bebé nunca lo pidió, la madre no lo necesitó, y el puré de zanahorias resulta ser bastante menos nutritivo que la leche materna. De a poco se van aumentando las raciones diarias, hasta que en el mejor de los casos el bebé acepta el alimento y va perdiendo interés o fuerza para succionar. Un mes más tarde, en algunas ocasiones, la mamá pierde completamente la producción de leche, y el  niño queda destetado muy tempranamente sin necesidad, cuando la madre tenía disponibilidad para darle de mamar y tiempo suficiente para ocuparse de él.

Lo que me resulta asombroso es la facilidad con que las madres "creen" en el pediatra que extiende la receta con el menú diario. Completamente disociadas de su intuición y de su relación íntima con códigos específicos que lograron establecer con el niño. Simplemente caen en un abismo oscuro, creyéndose incapaces de decidir y negando el vínculo poderoso que las une a sus hijos "a causa" de un papel firmado, sellado y bendecido con el manto del "supuesto saber".


Las mujeres nos escondemos detrás de la ingenuidad para "no saber" lo que sabemos. Nos negamos a abrir la puerta de nuestra conciencia aunque seamos las únicas dueñas de la llave.


Es decir, somos las únicas que estamos en condiciones de bucear en nuestras capacidades y reconocer los saberes ancestrales, que nos esforzamos en olvidar.

Sabemos perfectamente que la lactancia humana es naturalmente más prolongada de lo que en el mundo occidental estamos acostumbrados a pensar. De cualquier manera los tiempos son muy personales, o "bipersonales", tratándose de una díada madre-hijo funcionando juntos.


En lugar de preguntar a otros supuestos conocedores del tema, cuándo es el momento ideal del destete, cada madre conectada con su esencia femenina podría cuestionarse: ¿Cómo me siento dando de mamar? ¿Cómo está mi bebé amamantado? ¿Disfrutamos? ¿Tenemos algún impedimento para continuar? ¿Crece bien y feliz? ¿Alguien se perjudica? ¿Y si la gente se molesta no será a causa de problemas que dichas personas necesitan resolver? Etc..


Si las mujeres se permitieran ser auténticas, estando atentas a la evolución natural del niño, verían que algunos bebés comienzan a demostrar algún interés por el alimento después de los 6 meses, cuando logran sentarse. Otros bebés no demuestran ningún interés hasta los 9 meses, y otros incluso hasta el año. Sencillamente no les atrae. Están todavía muy absorbidos por la relación idílica con la teta. Es decir, hay que evaluar si el bebé tiene interés (por ejemplo cuando "se le hace agua la boca" al ver a los padres o hermanos comer, o cuando lucha por obtener un pedazo de pan...)


A veces sucede que están muy interesados en el trozo de pan pero no les interesa el puré, es decir, quieren experimentar sensaciones con la boca, pero no necesariamente alimentarse. Es importante comprender la diferencia. Entonces determinaremos si ESE NIÑO EN PARTICULAR está maduro para introducir en su dieta la alimentación sólida y si la mamá también lo desea.


El destete debería ser espontáneo, y cada díada mamá-bebé tendría que manejarlo en tiempos muy personales. Por otra parte hay bebés que ingieren comida y además conservan durante muchos meses la lactancia. En realidad cada díada tiene su propia y original historia.


Mi planteo es que no "HAY QUE" destetarlo porque tiene dos dientes, o porque cumplió seis meses, o porque ya está grande. Cada madre, si se lo permite, puede saber qué necesitan ella y su hijo y qué situación los hace más armónicos y felices.

Nadie desde afuera de la relación tiene derecho a dar indicaciones generales sobre cómo y cuándo destetar a un bebé, si no fue formulado un pedido de ayuda concreto en ese sentido. Muchas madres me preguntan angustiadas cómo hacer cuando "deben" negarle el pecho al bebé mientras éste llora desconsoladamente. Cuando les pido que se pongan las manos en el corazón y me cuenten qué desean ellas, invariablemente resulta que no tienen inconvenientes en seguir amamantando.


Deberíamos reflexionar sobre qué estamos permitiendo que suceda en nuestra sociedad. ¿Porqué cualquiera puede opinar sobre un hecho tan íntimo como es el inicio o el fin de la lactancia y porqué las mujeres nos exponemos con nuestra mayor debilidad a hacer caso a cualquier lobo que se disfraza de abuelita para comernos? ¿En qué nos beneficia creerle al lobo? ¿Porqué insistimos en aferrarnos a la niña que vive adentro nuestro, y no permitimos el crecimiento de nuestra conciencia? ¿Cuál es el peligro de reconocer nuestras íntimas certezas y darles credibilidad?.


El manejo autónomo de la lactancia en cuanto a su modalidad y duración, en cuanto al placer y al contacto que provoca con el mundo interno permite que la esencia femenina aflore sin tapujos. También es necesario fortalecer el intercambio entre mujeres para constatar de esta manera la abundancia de amor, entrega y perfección que asoma en cada gota de leche.

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