LA PRESENCIA DE LAS DIOSAS EN LA VIDA DE UNA MATRONA

 

 

He practicado mi profesión de matrona durante más de tres décadas, he sido madre por más de treinta y cinco años y hace 60 años que soy mujer. He atendido miles de embarazadas, he asistido también miles de partos, he dado consejos a mujeres en las distintas etapas de su vida reproductiva y soy madre de tres hijos. Mi visión y actitud en la vida, ha sido de cambios permanentes. Al término del curso Psicología Perinatal con enfoque em osicología arquetípica este curso visualizo uno muy grande, que toca mi conciencia.

 

El empoderamiento femenino es un término que lo empecé a conocer desde la Cumbre de Beijing en el año 1985 (Conferencia Mundial sobre la Mujer) y creo que sólo ahora, después de estar estos meses participando de este curso empiezo a entender su verdadero significado. Remover las raíces profundas, para que la conciencia sobre nuestros derechos como mujeres, con nuestro valor  como seres sociales que participamos en la construcción, o modificación de este mundo, tenga un comportamiento activo, valiente, sutil, que provenga de lo más íntimo de nosotras. Un proceso que lleva una carga emocional, espiritual, sentimental, pero también racional, para entender  y actuar en consecuencia con esta realidad.

 

Las Diosas de la mitología griega que nos han demostrado cómo están presentes en el embarazo, parto y puerperio durante el desarrollo de este curso, han estado también presente en cada una de nosotras a lo largo de nuestras vidas sin que anteriormente me hubiese percatado de su presencia. Al comenzar a rescatarlas, he logrado centrarme un poco más en mi misma, conocerme mejor y conectarme con mi yo interno. Estos valores, principios femeninos, que comenzamos a internalizar, mejoran mi autoestima y mi voluntad, lo que me facilita la relación con mis pacientes y también con el ambiente familiar y social.

 

Aprendí que estas diosas, fuentes de patrones emocionales, sentimentales, de nuestros instintos y comportamientos que pertenecen al arquetipo universal femenino, no sustentan su moralidad en el pecado o en el infierno, si no en las consecuencias de nuestro comportamiento y actitudes, por lo que cada mito pasa a ser un apoyo a nuestra relación con nosotras mismas, o con el medio que nos rodea, humano, ecológico o sagrado.

 

En el intento de gestar esta monografía, me agrada mucho entender el  efecto que estas diosas producen sobre la psiquis. Varias diosas nos dan la posibilidad de abrazar distintos estilos de vida, de personalidades, de ser creativas, flexibles, de renovarnos. Podemos elegir, adoptar valores, pensar la vida y vivirla de manera diferente. Los arquetipos producirán comportamientos y percepción de la realidad que tenemos sin reflexionar sobre ellos, sintiéndolo íntimo y natural.

 

Hestia nos invitó a reflexionar sobre nuestro estado psíquico, a observar nuestras emociones, nuestros dolores, para calmarlos, y nuestras alegrías. Me permitió aclarar mis agrados en mi hogar como punto de confluencia, de encuentro familiar seguro y protector. Me ayuda a compartir con las gestantes, la necesidad de iniciar la construcción de su nido, de sugerir poner un alto en sus vidas para dar tiempo a la introversión, para supervisar su ambiente externo e interno., buscar la espiritualidad, la libertad individual, la vida serena, para poder reunir a su familia en torno al fuego sagrado.

 

Perséfone me abrió ampliamente los ojos. Recordé cuando bruscamente de inocente doncella Coré pasé a conocer a esta reina Diosa del mundo invisible y con este encuentro fui madurando a lo largo de los años. Cuando fui comprendiendo cómo una gestación arrastra hacia adentro, hacia la interioridad  profunda y si la persona no tiene capacidad de autoconciencia, de introspección, el proceso lo vivenciará con mucho temor, a veces cuestionándolo, con violencia, con enojo, inseguridad, ya que puede sentirlo como un hecho en contra de su voluntad. 

 

La embarazada tiene la posibilidad de familiarizarse con la intimidad de los contenidos interiores, de escarbar los presentimientos, distinguir las fantasías de las percepciones reales, de hacer crecer su auto conocimiento y madurar para lograr su empoderamiento y hacer de este encuentro con Perséfone una maternidad feliz, responsable y consciente.

 

Demeter con su alegría, sentimentalismo y simpleza cuida su familia, así como yo he cuidado la mía con infinito amor. La organiza confiando plenamente en ella. Nace la nueva madre, transformándose de cuidada a cuidadora, proceso que tiene características de imitación de modelos vividos en su propio hogar o de cambio radical si la identidad ancestral no la moldeó. Requerirá emanciparse de algunos límites impuestos por la familia sobre sentimientos de madurez y responsabilidad para enraizarse en su propio proceso interno. Debe sacar sus fuerzas para procrear y criar hijos en esta nueva sociedad mono nuclear, sin ayuda del grupo familiar, compitiendo en el mercado por el sustento, para ser reconocida laboral o profesionalmente. Debe demostrar confianza en sí misma para posteriormente entregar sus hijos a la sociedad. Debe buscar sabiduría, competencia y expertiz para ejercer efectivamente la maternidad ya que la sociedad no nos comprende ni valoriza como lo merecemos.

 

Afrodita con su belleza, seducción, sensibilidad a flor de piel, arte, espontaneidad y cultura traspasa tiempos, raza, geografía y género. Vive el mundo con los ojos del corazón y lo percibe como expresión de lo divino. Ella está presente en la maternidad con delicadeza, fragilidad y espontaneidad, propios de ella sin por eso dejar de ser fuerte, valiente, e inmanente, avivando y alertando los canales perceptivos que la embarazada requiere para incursionar en el nuevo mundo en el que está entrando. Ella nos encauza para encontrar el estilo y forma adecuados para lograr nuestros objetivos.

 

Estar en Atenea significa estar en lo racional, protegiendo y promoviendo artes y ciencia. Como la mujer históricamente ha sido relegada a segundo plano en lo intelectual y cultural, ella con cautela hace de su cerebro un nuevo útero para el surgimiento de su educación, trabajo y participación activa en su sociedad. Esta diosa debe amparar y proteger a la gestante para que ella se informe, piense, se cuestione y luche por lo que considera lo mejor para ella con la confianza puesta en sí misma.

 

El empoderamiento de la mujer pasa por la reivindicación, por la autorización interior, por imponer respeto con la propia presencia sin tener la necesidad de estar subyugada al marido o compañero para poder tener valor social. Siendo Hera la patrona de la sociedad y de la moral, su poder se fue restringiendo por el prejuicio patriarcal y ella fue aceptando ser sumisa con un juego no inventado por ella pero que lo ha tenido que jugar a través de los años. Hoy tenemos un escenario en que la verdadera Hera está aflorando sin gritos ni escándalos pero imponiéndose con firmeza y serenidad en este cambio.

 

Siento que estoy llegando al parto propiamente tal cuando aparece Artemisa, su protectora, liberando ataduras para danzar al ritmo, de cada cual, según sus instintos, o según lo que su cuerpo pida.

 

Con su valentía para abrir caminos, o desafiar lo nuevo, ella promueve el parto activo, se hace una con la naturaleza, deja a su cuerpo hablar, sumergiéndose en su ser. Artemisa es la que pone el broche de oro para la culminación del proceso del parto, experiencia más sublime en la vida de una mujer.

 

El milagro aconteció, la prueba fue superada y el nuevo ser está en los brazos de su madre. Todas estas diosas ya conocidas por nosotras se unen para ayudar a la puérpera. Hestia centra, calma y busca la paz. Artemisa con su carácter, capacidad y sabiduría deja aflorar libremente sus instintos y confía en su naturaleza para vivir plenamente su post parto. Demeter ayuda a que esta nueva mujer nazca como madre, tanto en el sentido biológico como en el social y cultural. Hera raya la cancha, delimita sus fronteras, encamina y fortalece la relación de pareja. La paternidad se incentiva surgiendo un nuevo grupo familiar. Atenea orienta con su sabiduría, selecciona lo apropiado, venga de libros, o comentarios familiares, ayuda a la madre a tomar sus decisiones responsablemente. La puérpera responde intuitivamente a las necesidades de su recién nacido, para relacionarse con su bebé, necesita de Perséfone. El parto, al cerrar su puerta y dejar atrás a la doncella Coré para que entre una mujer nueva, convertida en madre con un enorme horizonte desconocido e indefinido, pone una responsabilidad en la que esta diosa no puede estar ausente. Es el momento de zambullirse en lo desconocido y tomar conciencia dejando que Afrodita aproveche de descansar por un pequeño tiempo.

 

Las herramientas entregadas en este curso, me han servido para entenderme más como mujer, para comprender mejor a las tantas mujeres que a diario consultan en mi lugar de trabajo. Veo con más claridad cómo abordar la maternidad, conociendo las necesidades de las mujeres comunes y de las vinculadas al movimiento por la humanización del parto, familiarizándome con un concepto psicológico  específico que da cuenta de ciudadanas conscientes y participativas,  cuestionadoras e inquietas con ideas emergentes para construir un futuro mejor.

 

Estos momentos en que nos detenemos a pensar nos premian con la obtención de una mirada nueva del mundo en que estamos, este embarazo llegará a término en un futuro  dando a luz un estilo de vida más justo, que responda a nuestros deseos y necesidades y que no discrimine según raza, religión, nivel social o geográfico.

 

Elsa Patricia Del Carmen León Leiva es matrona, tiene 60 años de edad y 38 de práctica profesional. Vive en Puerto Montt, Chile. Este texto lo desarrollo como trabajo final del Curso “Diosas para la Humanización”. 25 de Agosto de 2009. Email: pattyleonle@gmail.com

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